Tus piernas eran carne muerta,
La belleza sempiterna de un cadáver
Desterrado, tus ropas eran harapos
Caros, tu piel un pellejo,
Tu cuerpo puro espejo.
Y tus palabras superficiales
Como este falso poema
Cuyo autor sabe de tu pena,
De tu llanto, de la otra puerta.
“Muerte” escribes con la derecha,
“vida” respondes con la izquierda.
Que no te consuma la pelea.
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