Mira las ventanas de los edificios,
¿las viste bien?
¿contemplaste la locura de la evolución?
Ahora llora y no dejes de mirar,
Detente en el yuyo que parte al cemento,
Mira más cerca, traspasa las paredes,
Admira las familias reproduciéndose quietas,
Imagina la terraza (eso es el cielo),
Sonríe con piedad sabiendo que están muertos,
Que las ventanas son tumbas de luz
Y por cada balcón sin flores ni plantas
Hay un inquilino que aguarda.
Míralo a Dios, gimoteando como un niño
En la cocina de su casa tomada,
Escucha los ruidos de los asesinos
Llenos de culpa socarrona,
Camina por la calle y huye de tu encierro,
Derriba esos bloques que son ojos,
Sal del sepulcro y no busques la razón,
Miles de locuras amasan las ganancias
De las bestias disfrazadas de ovejas
y sus vómitos que bañan las palabras,
¡un dólar! –te dicen- ¡por un dólar te desvirgan
Los amables señores! ¡Por un dólar se lucha
En la guerra! ¡Por un dólar se miente en la iglesia!
Pero mira, por favor, observa a los centinelas
Sobre la borda del Titanic,
Mira a los monos de traje y corbata festejar la victoria
del trabajo cuantificado,
Gritan, bailan, beben y se acomodan en asientos gigantes.
¡Ya no! Lo que hiciste dejará de tener peso,
Vendrán tiempos de concordia y deberás tumbarlos,
¡nada de paz! Es hora de guerra y violencia,
De ensuciar el intelecto, de aprender de una vez
Para luego destruir y rehacer como si nadie nunca hubiese mirado
nada.
¡Ayer vendieron la luna! Le pusieron un dólar en la parte luminosa
Y la enlazaron con cables de espinas al centro financiero,
La sacaron a pasear por los canales televisivos,
Te convencieron de su aspecto lustroso y prolijo,
Clavaron en tu cráneo un letrero espantoso,
dice que la luna es una roca, apenas eso,
Una roca en el mercado, como una fruta,
Un accidente desprendido de la casualidad más artera,
Pero ahora
deberás mirarla
y saber que será un hacha en cuarto creciente
o un soplo frío del amor ardiente,
¿Qué utilidad le osarás dar a la luna
Más que ser otra luna al contemplarla?
Deberás romper las cañerías y hacerlas veredas,
Colocar los suburbios sobre el mantel de los ricos,
Odiar a los carrileros de la muerte, con sus pezuñas y grandes planes,
Es necesario que derribes los estantes del supermercado
Pero sin un ápice de impetuosa furia juvenil
Sólo con la mirada.
¿No ves que siempre vuelves a ser el que nace?
La tierra te adora con su desprecio,
Los ángeles son muertas encariñadas,
La devoción es una mortaja de acero,
Pero no digo otra cosa que esto:
Vuelve al jardín de los colores,
mira los rosales que se desprenden como duendes,
aprende a desaprender las lecciones manufacturadas,
¡Es necesario que te consumas en el intento!
¡Demasiada gente habita el planeta para que vivas asustado!
Dices que son tiempos cínicos,
De pos-todo, pos-modernidad, pos-compromiso,
Nada vale porque todo fue hecho,
Pero si los tiempos son inclementes
Que lo sean en extremo, sin máscaras:
No existe otra maldad que la bondad acicalada.
Yo salgo a la calle y sólo veo mentira,
Y asomándose por las rendijas de una alcantarilla
A la verdad esperando que la mire, que la haga mía,
Que la desvirtúe y la manosee, que le pegue y la deforme,
Para que sea monumento, no basura endulzada,
Un monumento en una plaza grande como la ciudad.
¿Y qué importa si los hippies y los beatniks y los comunistas
Naufragaron en sus intentos por romper la pared?
Nada existía antes de que nacieras,
Todo se arma y se desarma si das vuelta los ojos de tu mirada.
¿No ves que todo es absurdo? Nos quedaron estos peniques
Que alabamos como santos, estos tres o cuatro espasmos
Que llamamos alegría. No te lamentes por eso.
La realidad debe ser violada (eso debes gritar),
El absurdo nos hace pintar aunque seamos pasajeros,
Lo irracional deberá ser el motor de tus matemáticas,
¡la poesía como teoría! ¡La ciencia, una ficción!
¡Basta de dioses putrefactos!
Enciende una hoguera y saca de las chispas tus enseñanzas.
¡El diablo es tan poca cosa! Dejemos de adorar los mástiles y sus trapos.
Comprender es amar, ¿eso lo ves? ¿Y cómo habría de comprendernos
Aquello que no respira? El tigre ama la naturaleza porque es parte de ella:
Ama de la misma manera y no sabrás de angustias ni de penas.
¡Todos sufrimos!, eso dicen los santos, todos sufrimos y todos morimos,
Pero la muerte en verdad no existe: las manos de los difuntos son tan livianas
Como las nuestras, los brotes de las plantas reverdecen al estío,
Y nunca estamos tan vivos como justo antes de morirnos.
El problema
es morir en vida,
anestesiarse y adorar nuestra libertad
De presos.
Si no tienes nada que decir, calla;
el poeta es más poeta en silencio,
No concibas una obra si no mueve tus entrañas,
Si no es igual a la contracción del golpe.
No seas nunca el niño que marcha a la escuela,
No hagas siempre lo que quieras, con un berrinche de rebeldía,
Ama lo que haces, ama como si no fueras nada y lo serás todo,
Si tienes una guitarra, nunca la toques: simplemente vive y tocará sola.
Eres, somos, cada vez, todas las veces, el hombre de las cavernas,
Pintando bajo los aleros la intolerable pena de su mirada,
A pesar del hambre y la supervivencia, sin ninguna otra teoría que su práctica,
horas arrullando al mundo en una pincelada.
Lo que nos aleja de la muerte nos mata en vida,
Perecer es existir, ¿ahora lo ves? Tocar es pensar, abrazar es reflexionar.
Nada hemos perdido porque nada fue creado.
Huye de los pensadores de barba y cabezas pesadas,
Apaga las luces y comprende las sombras,
Quien brilla en la oscuridad es un fantasma de luces encandiladas.
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